Nonni le dijeron. Madonna Louise Ciccone Fortin le bautizaron.

Era un caluroso 16 de agosto de 1958 en Bay City, un suburbio de Detroit. Su padre, Sylvio Ciccone, un inmigrante italiano, era ingeniero de la fábrica de coches Chrysler.
Los rígidos preceptos católicos de su padre hicieron germinar en ella el sentido de la rebeldía (aunque por otro lado fantaseara con ser monja).
Su madre murió cuando tenía seis años y medio de un cáncer de mama mal diagnosticado. Como es obvio, eso la marcó para siempre. Su padre contrató una serie de institutrices para educar a sus seis hijos y dos años después de quedar viudo, se casó con Joan Gustafson, quien aportó otros dos niños al matrimonio. Joan era tan fanática de la disciplina como Sylvio.
En los tres colegios católicos que estudió, debieron lavarla la boca con jabón, pegarla con una regla o castigarla. Su comportamiento se alejaba cada vez más de la de una niña modelo. Se escapaba de las lecciones de piano a las que su padre le obligaba, acosaba a los chicos, odiaba cambiar los pañales de sus hermanos menores, escribía cuentos y poesías y escuchaba a Diana Ross.
Iba al cine a ver películas de Marilyn Monroe, Grace Kelly y Brigitte Bardot y empezó a tomar clases de danza.
Eligió Verónica como segundo nombre al confirmarse porque así se llamaba la mujer que limpió la cara a Jesús.

Durante un tiempo fue porrista del equipo de fútbol americano de su escuela. Madonna se sentía con una edad mental superior al resto de sus compañeros o, al menos, su ambición la impulsaba a ir mucho más lejos de los barrios obreros de Detroit. No le bastaba con representar "My fair lady" en el escenario de la escuela.
Ella quería más y lo iba a tener.
Así conoció a Christopher Flynn, dueño de una academia de baile que le introdujo en un mundo distinto.
Se puso a salir con Dan Gilroy y se mudó a Queens. Éste vivía con su hermano en una sinagoga abandonada. Allí empezó a pensar que su salida sería la música, no el baile.
Respondió a un anuncio en una revista y se encontró con dos productores parisinos. Éstos le ofrecieron ir a Francia a estudiar vocalización y prometieron transformarla en una gran artista. Madonna no lo dudó y un mes más tarde se encotraba en la capital francesa. Allí pasó seis meses sin hacer nada, excepto extrañar a Dan y cuando éste le escribió una carta, ella volvió.
Con 20 años y junto a Dan, comenzó a estudiar música intensamente. Todo estaba listo para el salto final aunque siguiera viviendo rodeada de cucarachas.

Volvió a su vida Steve Bray y abandonó "The Breakfast Club", el grupo que tenía con Dan, donde Madonna cantaba y tocaba la batería. Bray y Madonna formaron el grupo "Emmy", una banda que actuaba por 25 dólares en los clubes de mala nuerte de Nueva York. De hecho su mayor ingreso en esa época fueron 100 dólares que cobró por su participación en una película semipornográfica titulada "A certain sacrifice".
En 1981 Madonna y Bray alquilaron un local en un edificio llamado "The Music Buildings", un antro de 12 pisos dedicados a las grabaciones. Allí conoció a Adam Alter, socio de Camille Bardone en Gotham Productions, una compañía de representantes de músicos de rock. Camille se transformó en la manager de Madonna y le hizo firmar contratos en clubs de la ciudad, donde empezó a triunfar.
En 1982 Madonna ya era conocida en Nueva York.
El centro de la movida en esa época era Danceteria. Allí conoció a Dj Mark Kamins y le presentó a Seymour Stein de Sire Records. Éste le conseguiría el contrato más importante hasta ese momento (con cinco mil dólares de anticipo).
En el otoño de 1982 editó su primer single "Everybody", un éxito en los boliches bailables. Después vendría "Burning up".
Conoció a John "jellybean" Benítez, Dj de Funhouse. Empezó a salir con él y le produjo sus primeros éxitos en serie: "Lucky star" y "Holiday". La máquina estaba en marcha. Después los éxitos "Like a virgen", "True blue", "Like a player" y "Ray of light", entre otros.

Ha sido madre dos veces pero nunca con el actor Sean Penn, con quien estuvo casada cuatro años.
En 1996 tiene a Lourdes María con su entrenador personal de fitness, Carlos León y cuatro años después llega Rocco Ritchie, fruto de su noviazgo con el director de cine británico Guy Ritchie.
El 22 de diciembre de 2000, un día después de bautizar a Rocco, la diva y el cineasta de raíces escocesas contraen matrimonio en el más estricto secreto en Skibo, un lujoso y romántico castillo escocés. El hermetismo con el que se lleva a cabo esta boda intenta evitar los percances sufridos en su anterior enlace (Madonna-Penn), cuando un helicóptero, tratando de obtener fotografías del evento, interrumpió la ceremonia con su ruido.
|
|
|
|
Madonna es una mujer de contrastes. A pesar de su extroversión, que muchas veces hace que sea demasiado basta, y aunque haya mil chicas con la tez más fina y el cuerpo más esbelto, ella ha sido modelo para Versace y Max Factor.
Además de su incesante creatividad como cantante, es una productora de éxito. Un peso pesado del negocio musical que ha calculado, con frialdad empresarial, su trayectoria renovando imagen y sacando bombazos en el momento adecuado.
Habiendo pasado de los cuarenta, Madonna es una artista de larga duración. No tiene nada que ver con las estrellas fugaces de hoy en día.
En los ochenta fue el modelo a seguir para muchas adolescentes de todo el mundo.
Ha demostrado que los sueños de cualquier cajera de supermercado, de cualquier barrio periférico, se pueden convertir en realidad.
Más que ser escultural o vestir elegantemente, es decisivo trabajar duro, ser provocativa y tener mucho morro.